Cu-cu-rru-cu-cú, paloma

Nota: Para ampliar, hacer clic en la partitura.

Dicen que por las noches no más se le iba en puro llorar.
Dicen que no comía, no más se le iba en puro tomar.
Juran que el mismo cielo se estremecía al oír su llanto.
¡Cómo sufrió por ella, que hasta su muerte la fue llamando!

“Ay, ay, ay, ay, ay”, cantaba.
“Ay, ay, ay, ay, ay”, gemía.
“Ay, ay, ay, ay, ay”, cantaba.

De pasión mortal moría.
Que una paloma triste muy de mañana le va a cantar
a la casita sola con las puertitas de par en par.
Juran que esa paloma no es otra cosa más que su alma,
que él todavía la espera a que regrese, la desdichada.
Cucurrucucú, paloma,
cucurrucucú, no llores.

Las piedras jamás, paloma,
qué van a saber de amores.

Cucurrucucú, cucurrucucú,
cucurrucucú, paloma,
ya no le llores.

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